Ponerle nombre, importa
El déficit de alfa-1 antitripsina, también llamado alfa-1, es una condición genética que puede dañar los pulmones y es el factor de riesgo más común para el desarrollo de la EPOC. Algunas personas también pueden desarrollar enfermedad hepática. Se estima que más de 250.000 personas en todo el mundo presentan formas graves de alfa-11, aunque la mayoría no lo sabe.
Sus síntomas son similares a los de la EPOC de causa no genética, por lo que muchas personas no reciben inmediatamente un diagnóstico preciso cuando acuden a una consulta médica. De media, pueden pasar entre cinco y ocho años desde la aparición de los primeros síntomas hasta el diagnóstico2 y, durante ese proceso, es habitual consultar a varios médicos.
Qué es el déficit de alfa-1 antitripsina
El déficit de alfa-1 antitripsina es una condición genética hereditaria en la que el organismo produce cantidades insuficientes, una versión defectuosa de la proteína alfa-1 antitripsina (AAT) o, en casos poco frecuentes, ni siquiera la produce.
La AAT se produce principalmente en el hígado y su función es proteger los pulmones frente a las enzimas inflamatorias que pueden dañar el tejido pulmonar. Cuando hay déficit de esta proteína, los pulmones quedan más expuestos al daño y aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias.
Un 90% de personas con déficit de alfa-1 en el mundo no están diagnosticadas3.
Qué ocurre en un pulmón sano4
En las personas con alfa-1, el aire hace el mismo recorrido, pero ese freno no funciona correctamente. La elastasa continúa actuando y empieza a dañar el tejido que sostiene los pulmones, especialmente las paredes que separan los alvéolos.
Los alvéolos pierden su elasticidad, aumentan de tamaño y se deterioran. Así es como se desarrolla el enfisema: al exhalar, el aire no puede salir completamente y queda atrapado en los pulmones. Respirar se vuelve cada vez más difícil, especialmente durante la actividad física.
En algunas formas del déficit, la proteína se produce con una forma anormal y queda atrapada en las células del hígado, donde puede acumularse y causar daño.
¿Cuáles son los síntomas del alfa-1?*
El alfa-1 no se contagia ni se adquiere con los años: es una condición genética que se hereda. Está causado por alteraciones en el gen SERPINA1, que contiene las instrucciones para producir la alfa-1 antitripsina (AAT)5.
Ponerle nombre es más sencillo de lo que parece
El alfa-1 no puede diagnosticarse únicamente a partir de los síntomas o de una exploración física. El diagnóstico requiere pruebas específicas solicitadas por un médico, ya sea un análisis de sangre o una prueba genética**.
¿Quién debería hacerse la prueba?
Las guías de la American Thoracic Society (ATS) y la European Respiratory Society (ERS)6-7 recomiendan realizar pruebas para detectar el alfa-1 en los siguientes casos:
- Antecedentes familiares de déficit de alfa-1 antitripsina.
- Enfisema pulmonar de aparición temprana.
- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
- Enfermedad hepática de causa desconocida.
- Asma en la que la función pulmonar no vuelve a la normalidad con el tratamiento.
- Adultos con bronquiectasias sin una causa evidente.
- Dificultad para respirar y tos presente en varios miembros de una misma familia.
Prevenir el deterioro frente al alfa-18
Algunas de las recomendaciones que podemos seguir para prevenir el deterioro pulmonar son:
- No fumar y evitar el humo ajeno.
- Reducir la exposición a polvo, humos y vapores.
- Seguir el calendario de vacunación frente a la gripe y neumonía.
- Mantener un peso saludable.
- Protegerse de las temperaturas extremas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la American Thoracic Society (ATS) y la European Respiratory Society (ERS)6-7-9 recomiendan que todas las personas con EPOC se sometan al menos una vez en la vida a una prueba para detectar el déficit de alfa-1 antitripsina.
Referencias
1 Blanco I, et al. Int J Chron Obstruct Pulmon Dis. 2017;12:561–569.
2 Stoller JK. Cleve Clin J Med. 2026;93(3):153–157.
3 Brantly M, Campos M, Davis AM, et al. Orphanet J Rare Dis. 2020;15(1):96.
4 Fazleen A, Wilkinson T. ERJ Open Res. 2021;7(4):00494-2021.
5 Turner A, et al. Ther Adv Respir Dis. 2025;19:1–17.
6 American Thoracic Society; European Respiratory Society. Am J Respir Crit Care Med. 2003;168(7):818–900.
7 Miravitlles M, et al. Eur Respir J. 2017;50:1700610.
8 Fahy B, Lareau S, Meek P, Strange C. Am J Respir Crit Care Med. 2018;198(12):P23–P24.
9 Bull World Health Organ. 1997;75:397–415.
10 World Health Organization (WHO). Chronic obstructive pulmonary disease (COPD). 2016. WHO: Chronic obstructive pulmonary disease (COPD)
*En caso de duda, consulte a su médico. Solo el personal médico está cualificado para diagnosticar el déficit de alfa-1 antitripsina.
**En EE. UU., los pacientes pueden solicitar directamente una prueba genética.
Preguntas frecuentes sobre el alfa-1
Es una enfermedad genética hereditaria que reduce la cantidad o altera la función de una proteína que ayuda a proteger los pulmones. También puede afectar al hígado.
Puede causar falta de aire, tos persistente, pitos en el pecho, infecciones respiratorias frecuentes y menor capacidad para realizar actividad física.
El alfa-1 es un factor de riesgo genético de la EPOC.
El déficit de alfa-1 antitripsina no puede diagnosticarse únicamente a partir de los síntomas. Es necesario realizar pruebas específicas para detectar el alfa-1.
La EPOC es una enfermedad pulmonar crónica que estrecha las vías respiratorias y dificulta la salida del aire. En la mayoría de los casos, la causa el tabaco, pero no siempre. El alfa-1 es su factor de riesgo genético más conocido: se estima que puede contribuir a hasta el 3% de todos los casos de EPOC en Estados Unidos3. Sin embargo, el déficit de esta proteína puede pasar desapercibido como causa de la EPOC, especialmente porque se trata de una condición rara que con frecuencia no está diagnosticada. De media, se estima que los pacientes tardan entre cinco y ocho años en ser correctamente diagnosticados2.
| EPOC | EPOC asociada al alfa-1 | |
|---|---|---|
|
Causa principal |
La exposición prolongada al humo del tabaco y otras sustancias nocivas. |
Una alteración genética heredada. El tabaco no la causa, pero acelera el daño pulmonar. |
|
Edad de aparición |
Habitualmente a partir de los 40 o 50 años. |
Puede aparecer antes, a partir de los 30, sobre todo en personas fumadoras. |
|
Personas que nunca han fumado |
Es menos frecuente. |
Puede aparecer también en no fumadores. |
|
Familia |
No existe un gen único responsable. |
Se hereda: los familiares directos pueden tenerla o ser portadores. |
|
Órganos afectados |
Principalmente, los pulmones. |
Los pulmones y, en algunas personas, el hígado. |
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Prevalencia global |
+250 millones de personas10 |
+250.000 personas en el mundo presentan formavas graves de alfa-11 |
|
Cómo se identifica |
Por sus síntomas clínicos y con una espirometría. |
Igual que la EPOC, pero también con pruebas específicas para el alfa-1 (análisis de sangre o test genético sencillo). |
El déficit de alfa-1 antitripsina puede diagnosticarse mediante un análisis de sangre que muestre niveles bajos de alfa-1 o mediante una prueba genética que detecte alteraciones genéticas.
Sí. El alfa-1 no se contagia ni se adquiere con los años: es una condición genética que se hereda. Está causado por alteraciones en el gen SERPINA1, que contiene las instrucciones para fabricar la alfa-1 antitripsina5.
Se han descrito más de 500 variantes de este gen. Las más relevantes son estas:
- Variante M: es la habitual. Produce suficiente alfa-1 antitripsina y no aumenta el riesgo de enfermedad pulmonar ni hepática.
- Variantes S y Z: producen menos proteína de la necesaria. La Z es la más frecuente de las variantes asociadas al déficit y la que se relaciona con las formas más graves.
- Variantes nulas: son muy poco frecuentes y no producen proteína.
Cada persona tiene dos copias del gen: una heredada de la madre y otra del padre. El déficit suele manifestarse cuando se heredan dos copias alteradas, por ejemplo, una Z de cada progenitor.
Quien tiene una copia habitual y otra alterada es portador. Los portadores no suelen desarrollar el déficit grave, pero pueden transmitir la variante a sus hijos.
Cuando el padre y la madre son portadores, en cada embarazo hay una probabilidad entre cuatro de que el bebé herede dos copias alteradas y tenga el déficit, dos entre cuatro de que sea portador y una entre cuatro de que no herede ninguna.
La genética explica por qué falta la proteína, pero algunos factores externos aceleran el daño:
- El tabaco, tanto fumar como respirar el humo de otras personas.
- La inhalación de sustancias nocivas, como polvo, humos, gases o vapores en el trabajo o en casa.
Ambos aumentan la liberación de elastasa en los pulmones y pueden inactivar la poca alfa-1 antitripsina disponible. El resultado es un daño más rápido y síntomas que aparecen antes y empeoran con más facilidad. Por eso, en las personas con alfa-1, el tabaco es el factor que más acelera la enfermedad pulmonar.
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